En Rusia se puede vivir y se puede estudiar perfectamente. Muchos extranjeros
lo hacen, por trabajo, por formación o por placer (el que se lo
puede permitir por tiempo y dinero).
Es cierto que uno puede observar desigualdades muy fuertes en lo que poder
adquisitivo se refiere, pero en Rusia se vive relativamente bien, no hay
desabastecimientos de nada y en las grandes capitales (Moscú y
San Petersburgo) puede llevarse un tren de vida similar o idéntico
al de cualquier gran capital europea.
Estas diferencias ricos-pobres existen en toda Europa, pero con más
variedad entre un extremo y otro, motivo por el que las desigualdades
pasan más desapercibidas. Pero son prácticamente las mismas.
En cuanto a lo de estudiar, y no solo estudiar el idioma, en Rusia la
gente, por norma general, tiene una formación mucho más
alta y sólida que en cualquier país de la Unión Europea.
Ya no digamos Estados Unidos. Y de esto uno se da cuenta inmediatamente.
Por
otra parte, en las generaciones de la Nueva Rusia, la de Yeltsin y su
ejército de oligarcas, se observa una caída en picado de
la educación y la formación, y no solo la académica.
Las universidades y centros de formación en Rusia gozan de un gran
prestigio y una gran calidad de enseñanza, sobre todo por el profesorado.